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Marijan
Zadnikar
MONASTERIO
DE STIÈNA
La gran efervescencia
espiritual, que se materializó en la batalla por la primacía entre
el Romano Pontífice y el Emperador Germano, conocida como la
Querella de las Investiduras, y también en el comienzo de las
Cruzadas a fines del siglo XI, igualmente afectó al monacato. A
pesar de las reiteradas reformas provenientes de Cluny, la Roma
francesa, la antigua Orden Benedictina cedió ante las ansias de
riqueza y poder, apartándose de la Regla de su fundador, san Benito,
y de su lema fundamental: “Ora et Labora”; es decir, reza y procúrate
el pan de cada día trabajando. Algunos monjes disidentes
abandonaron el monasterio benedictino de Molesme en Borgoña,
y comenzaron a vivir una nueva vida en retiro, humildad y pobreza,
así como seis siglos antes lo enseñó san Benito, el padre
del monacato occidental.
Es
así como en 1098, hace más de nueve siglos, en la pantanosa
llanura al sur de Dijon, fue erigido el nuevo monasterio de Cîteaux,
que dió nombre a la Orden Cisterciense. La nueva Orden se expandió
por Europa con tanta rapidez que en el año 1153, al morir su
guía espiritual, san Bernardo, contaba ya con 343 conventos.
En
1132, poco más de treinta años después del surgimiento de
la nueva Orden, se comenzó a edificar la Abadía de Stièna, el
monasterio más antiguo en territorio esloveno. El patriarca
Peregrin de Aquilea, obispo titular de la región, fue su fundador
oficial (1135-1136). De Borgoña comenzaron a llegar los
primeros monjes, y con ellos, el arquitecto francés Michael. En los
siglos subsiguientes numerosos aristócratas hicieron importantes
donaciones al monasterio. Sin embargo, los invasores turcos
ocasionaron grandes daños, especialmente en la segunda mitad
del siglo XV. En el siglo XVII el monasterio vivió su gran auge,
pero ya en el año 1784, el emperador austríaco José II
decretó su clausura. Con la restauración del año 1898 volvió
a revivir la vida espiritual.
A
pesar del reducido número de monjes, el monasterio de Stièna es y
seguirá siendo un importante centro de vida espiritual y cultural.
En sus 860 años de existencia el monasterio se ha
transformado en una amplia construcción arquitectónica funcional,
rodeada de una muralla con torres, que lo convirtió en una
verdadera fortaleza contra los ataques turcos de fines del s. XV. En
esta composición arquitectónica se ha conservado el núcleo del
monasterio, que data del siglo XII. Al estilo románico pertenecen:
la iglesia monacal, el claustro y las construcciones circundantes,
la capilla exterior (o de entrada) de san Pablo y los cimientos de
la capilla de santa Catalina, situada en el lado externo norte de la
muralla.
La
iglesia monástica, dedicada (como todas las iglesias cistercienses),
a la Madre de Dios, por su aspecto externo no aparenta tener 850 años,
ya que la parte alta de la basílica románica, quedó oculta por un
techo a dos vertientes con el que la iglesia fue recubierta durante
la primera reconstrucción barroca, a comienzos del siglo XVII.
Sobre las arcadas barrocas del actual desván se formó un piso
iluminado con una doble hilera de altos ventanales y con numerosos
vestigios que prueban, que la totalidad de la iglesia, con sus tres
naves longitudinales, la nave transversal y el crucero, fue
recubierta con techo raso de madera. En el interior barroco se
advierten reminiscencias del arte románico: la planta y las dos
hileras de arcadas con sus seis pares de arcos semicirculares. El séptimo
par del lado occidental fue demolido durante la barroquización, en
el s. XVII. Si bajo el altar mayor pudiéramos ver el ábside románico
central, los cimientos de los ábsides laterales en el patio
oriental y los cimientos del ábside menor de la nave transversal,
además del piso iluminado del desván, podríamos reconstruir la
iglesia románica original. La misma constaba de tres naves y una
torre, una nave transversal, dos capillas a ambos lados del coro, y
estaba recubierta por un techo raso de madera, sostenido por pilares.
Los tres ámbitos del altar concluyen en línea recta con ábsides
semicirculares. En ámbos brazos del crucero se encuentran dos pequeños
ábsides.
La
iglesia, trazada de esta forma, no respetaba el modelo de planta
bernardina y la bóveda borgoñona del tipo de Fontenay, sino
que adoptó la traza benedictina arcaica de la segunda iglesia de
Cluny (siglo X). Por ello la Iglesia de Stièna es la única iglesia
cisterciense “no cisterciense” de toda Europa. Fue construida
por el “cementarius” Michael, de origen francés, y consagrada
el 8 de julio de 1156.
En
el barroco temprano, en tiempos del abad Jakob Reinprecht
(1603-1626), intentaron otorgar a la construcción un carácter
barroco abovedándola y dotándola de nuevos revestimientos. El
intento no alcanzó el éxito deseado, ya que la traza románica de
tres naves asimétricas, los pilares y las arcadas semicirculares, aún
hoy ocupan un lugar primordial en la estructura arquitectónica de
la basílica. La ornamentación barroca con sus estucos, la serie de
escudos provinciales dispuestos en la bóveda bajo el coro, los
escudos episcopales y monacales en las bóvedas de las naves
laterales, así como el imponente escudo, perteneciente al renovador
de la basílica de Stièna, el abad Jakob, y los frescos del s. XVII,
localizados en la cúpula y en la parte inferior de la bóveda de la
nave central, son pruebas convincentes de que la iglesia no es de
origen barroco.
Excluyendo
algunas lápidas, entre las que destaca la del abad Jakob, realizada
en piedra granate, la decoración de la iglesia es, en su totalidad,
de estilo barroco. La misma no pertenece al período de la primera
barroquización, a comienzos del s. XVII, (de aquella época sólo
se conserva la estatua de la Piedad en el altar mayor), sino al
barroco tardío. Fue realizada tan sólo una década antes de la
supresión del monasterio. A esta época corresponden el altar
principal y los numerosos altares laterales, que si bien no alcanzan
el máximo nivel artístico europeo, con el órgano y el púlpito
logran crear un armonioso conjunto. Especial mención merecen las 14
estaciones del vía crucis, realizadas en el año 1766 por el
pintor Fortunat Bergant, que con sus marcos labrados representan la
obra artística de mayor valor de la Iglesia de Stièna.
En
el lado sur de la iglesia se encuentra el claustro, centro de la
vida monástica, cuyos muros conservan la traza románica. A esta época
pertenecen también las entradas semicirculares tapiadas, por las
que se accedía a las antiguas dependencias comunitarias. Al primer
período corresponden también los ventanales con doble abertura románicos,
que anteriormente comunicaban el claustro con la sala capitular en
la parte oriental. El claustro actual es, en su mayoría, de estilo
gótico temprano, ya que el original de madera y con techo raso, fue
remodelado y dotado de bóvedas de crucería, configuradas con arcos
ojivales. Dada la sobriedad monacal referente a las obras de arte, sólo
se observan figuras ornamentales en el cruce de las ojivas de la
galería junto a la iglesia, por ej.: el Cristo sufriente, el
Cordero de Dios y la cabeza de Cristo. Tan sólo en la galería
occidental, junto al pabellón de los hermanos, pueden observarse en
las ménsulas, ornamentos con sorprendentes rostros masculinos y
femeninos. El resto de las ménsulas posee formas geométricas
sencillas y severas. A su vez, llaman la atención los frescos de
las bóvedas, que representan escenas del Antiguo Testamento, como
por ej.: la vida de los patriarcas y profetas, las historias de Jonás
y de Sansón, así como también distintas alegorías, que
simbolizan el espíritu y pensamiento medievales. Los frescos fueron
realizados en la primera mitad del siglo XIV y son una verdadera síntesis
ilustrada del saber de aquella época. Las alegorías de los cuatro
vientos y de las cuatro virtudes, los frescos de los patriarcas y de
los profetas, los motivos vegetales y zoomórficos, se conservan en
buen estado. Sin embargo, muchas de las pinturas de las 24 bóvedas
decoradas se han deteriorado con el correr del tiempo. Además del
valor artístico que encierran sus obras arquitectónicas, escultóricas
y pictóricas, el claustro, sin duda, posee un gran valor emocional.
Las distintas estaciones del año, en especial la primavera,
cuando en su interior la hierba reverdece y se viste de suaves
colores. Los rayos de sol, que en su trayectoria diaria se filtran
por los ventanales y van trazando sobre el suelo las más variadas
figuras geométricas... Todo ello habla de su semblante siempre
cambiante, e invita a experimentar este lugar mágico, que es el
corazón de la vida monástica.
En
la entrada medieval tapiada, por la que, en aquel entonces, los
monjes entraban en la iglesia, está empotrada la lápida del conde
Pongrac Turjaški, de fines del s. XV. En el nicho junto a ella
pueden observarse varios objetos de piedra labrados, como por ej.:
la base de una gran columna románica, que actualmente se conserva
en la iglesia cercana de Šentvid.
La
distribución de la planta baja, alrededor del claustro, era similar
en todos los monasterios cistercienses. Por ello, junto a la Sala
Capitular se construyó un corredor que comunicaba el ala oriental
con el gran patio, también situado en el lado oriental. Prueba de
ello son las dos aberturas semicirculares románicas, situadas en el
lado del claustro, y en el lado del patio, respectivamente. La
existencia del corredor de enlace fue corroborada en el año
1997, al realizarse diversas excavaciones arqueológicas. Junto al
mismo se encontraba originalmente el locutorio, que en el siglo XIII
fue utilizado también como prisión, al haber sido ésta nuevamente
instaurada. El tragaluz rectangular de forma gótica aún se
conserva a un lado del suelo. En el barroco, el corredor y el
locutorio fueron transformados y convertidos en un único y amplio
local: la sala capitular. El lado oriental de la misma está
iluminado por tres altos ventanales, en cuyos vitrales nuevos,
figuran las escenas de la Anunciación, Crucifixión y la venida del
Espíritu Santo. Los vitrales fueron realizados en el año
1991 por el pintor polaco St. Jakubczyk. En el año 1998 el
piso fue revestido con madera de fresno, caoba y roble, y fueron
colocados 37 nuevos asientos de madera, elaborados con gran
habilidad y maestría por el escultor local autodidacta, Jože
Trontelj. El mismo artista también adornó los respaldos de los
asientos del abad y de los dos asientos adyacentes con taraceas de
los escudos de la Orden, del municipio de Stièna y de la Abadía
Wettingen-Mehrerau, que cien años atrás, tuvo a cargo la
restauración monástica del monasterio. A ambos lados de cada
respaldo realizó en bajorrelieve las figuras de 41 beatos, santas y
santos cistercienses, distribuyéndolas con mucha ingenio. El ambón
se encuentra en el centro del recinto y está sostenido por las
estatuillas de los cuatro evangelistas. La sala capitular, con su
nuevo aspecto, es un verdadero orgullo para el monasterio y una
prueba más de que cada generación aporta algo nuevo a la historia
de la humanidad.
En
el lado meridional se encuentra el comedor de los monjes, que abarca
la planta baja del edifico gótico, y se extiende hasta la huerta.
Originalmente constaba de una única sala, que estaba iluminada por
altos ventanales góticos. Durante el Barroco se dividió el espacio
con una bóveda, destinando el local sobre el refectorio para la
actual biblioteca. La bóveda de cañón del refectorio está
decorada con estucado ornamental barroco, en parte figurado. Los
medallones de la bóveda fueron originalmente pintados al fresco por
el pintor tirolés Ferdinand Steiner, en el año 1704.
La
biblioteca es un salón sencillo con cielo raso. Tan sólo los muros
de los ventanales están provistos de frescos, exhibiendo los bustos
de los legendarios sabios griegos y romanos. En los medallones
laterales pueden observarse escenas alusivas a sus doctrinas filosóficas,
como también sus más famosos dichos, escritos en latín. En cuanto
a su estilo, los mencionados frescos se sitúan en la segunda mitad
del s. XVIII. Lamentablemente, la biblioteca ya no dispone de los célebres
manuscritos de Stièna de la segunda mitad del siglo XII, que con
sus iniciales de color se encuentran en la cumbre de la miniatura
europea de la época. Al clausurarse el monasterio algunos de estos
manuscritos fueron trasladados a la Biblioteca Nacional de Viena,
pero en su mayoría se conservan en la Biblioteca Universitaria
Nacional de Ljubljana.
En
los siglos posteriores, el núcleo románico del monasterio ha sido
objeto de numerosas remodelaciones. A mediados del s. XVI, el abad
Volbenk Neff (1550-1566) hizo construir un edificio de dos pisos (la
Abadía de Neff), prolongando notablemente el ala meridional hacia
el oeste. Desde el jardín se accede a la planta baja, atravesando
el vestíbulo, cuyas bóvedas de crucería con crestería triple están
decoradas con una tupida red de zarcillos y follaje, entretejida con
flores, fresas y aves. En el vértice de la arista se halla el
escudo del abad Volbenk y en el siguiente tramo, el escudo del
monasterio de Rein, (cercanías de Graz), el que en la fundación de
Stièna fue su monasterio madre, y que posteriormente formó una
asociación con los monasterios de la zona. Este tipo de decoración
pictórica es típica del siglo XVI.
El
patio oriental, que habitualmente es el primero en acoger al
visitante de esta honorable casa, está rodeado por edificios de
gran altura. En el lado oriental se eleva un edificio de dos pisos,
cuya planta baja está provista de arcadas, que a partir del s.
XVIII pasó a formar el acceso principal al monasterio. En el lado
norte se encuentra una inigualable estructura arquitectónica
renacentista, conocida como el antiguo palacio abacial. Por el lado
oeste, el patio limita con el antiquísimo pabellón capitular. A
continuación, se observa el extremo oriental de la iglesia, de
estilo gótico tardío de comienzos del s. XVII y, sobre el crucero,
el gracioso campanario barroco. En el lado meridional se construyó
un edificio de estilo barroco (siglo XVIII), en el que destacan: la
sala de recepciones, la capilla del abad en la planta alta, y dos
alas laterales.
El
ala capitular es la más antigua. Su restauración reveló toda la
belleza de la construcción románica, y además de la entrada
semicircular, que comunicaba el patio con el claustro, fue
descubierta toda una serie de aberturas tapiadas de formas variadas,
algunas de las cuales iluminaban el dormitorio de los monjes en el
primer piso. En el mismo edificio fue construida la entrada interna
del monasterio (siglo XVII); y en el edificio junto al arroyo, la
actual entrada principal, que anteriormente se encontraba en el
extremo superior del mismo edificio, lugar que actualmente ocupa la
torre. A ambos lados del presbiterio gótico se pueden apreciar los
cimientos de los absides semicirculares, pertenecientes a la basílica
románica.
De
acuerdo con los gráficos del historiador Valvasor, al finalizar el
siglo XVII, el patio permanecía abierto en su lado sur. A comienzos
del siglo XVIII, el abad Viljem Kovaèiè (1734-1764) decidió
completar el espacio vacío y unificar el complejo arquitectónico
en estilo barroco. Siguiendo el ejemplo de otros monasterios
importantes de Europa, dotó al edificio de recepciones de una
amplia escalera doble, como era habitual en los castillos y palacios
de la época. La misma conduce hasta una suntuosa sala en el primer
piso, denominada capilla del abad. La planta baja está decorada con
un aljibe. Los trabajos de construcción y decoración fueron
concluidos en tiempos del abad Taufferer (1764-1784). A esta época
tardía corresponden las bellas cornisas, los estucos de formas
suaves y la puerta, adornada con motivos taraceados típicos de la
época. La sala de recepciones es una expresión de la gracia y
ligereza del barroco tardío, cuyos suaves colores lo despojan de
toda carga posible, como si la vida fuera un canto gozoso. El
espacio queda concluido con las pinturas laterales, colmadas de
simbología cristiana, que son obra del mismo autor anónimo que
decoró los muros de la biblioteca.
El
antiguo palacio abacial, que por el lado septentrional delimita el
patio oriental, muestra su verdadera fachada hacia el mismo lado, ya
que por allí entraban los huéspedes en épocas pasadas.
Actualmente, el edificio se presenta como una poderosa construcción
única de dos pisos. Sin embargo, observando con atención, puede
advertirse que su lado oriental es una unidad independiente en forma
de torre, que fue construida con anterioridad. Prueba de ello son
las aspilleras, que miran hacia todos lados, ya que durante su
edificación, en tiempos del abad Lovrenc (fines del siglo XVI), la
región se encontraba bajo la amenaza constante de las invasiones
turcas y de sus aliados balcánicos. La verdadera fachada de esta
construcción antigua de forma renacentista, característica del
norte europeo, con sus dos salidizos angulares en forma de torre,
que originalmente sobrepasaban el techo, mira hacia el lado norte.
En ella también puede observarse una placa empotrada con la fecha
de edificación (1599) y una inscripción en lengua latina sobre su
origen. El texto menciona que en tiempos antiguos, el edificio servía
de posada para los soldados de caballería, admitidos
excepcionalmente como huéspedes de honor, que amarraban sus caballos en el amplio vestíbulo de la
planta baja. En los años posteriores la construcción fue
prolongada hacia el este por el sucesor del abad Lovrenc, el abad
Jakob (1603-1626), gran edificador del monasterio de Stièna en el
período barroco temprano y propagador de las bellas artes. El
portal de piedra, adornado en su parte superior con escudos, data
del año 1605. Tan sólo un año más tarde fue
construido el ventanal con dos aberturas renacentista, que se
encuentra en el segundo piso del lado sur, en cuya inscripción se
menciona el nombre del abad Jakob. Antiguamente se encontraban allí:
la administración del monasterio y de sus vastos territorios, los
aposentos del obispo, el archivo del monasterio y una capillita
privada, dedicada a la Madre de Dios. En la época de la Ilustración
(1784) el monasterio fue suprimido y con ello, numerosos tesoros
fueron destruidos y dispersados por todas partes, como por ej.: el
valioso archivo del monasterio de más de cien años de edad.
El
antiguo palacio abacial es un edificio de dos pisos que cuenta con
un sinnúmero de locales de distintas dimensiones. En la planta baja
se encuentran dos vestíbulos que comunican el patio interior con el
espacio abierto del lado septentrional. El vestíbulo de la parte
antigua (occidental) es el más espacioso, dado que allí se
amarraban los caballos de los huéspedes de honor. La arquitectura
renacentista se manifiesta en las pilastras y en la bóveda de cañón.
Con la restauración, el edificio se convirtió en ambiente ideal
para diversas exposiciones, para lo cual se utilizan también las
salas más pequeñas, que convergen en el vestíbulo del lado
oriental. Desde allí se llega a la tienda, que dispone de una
amplia variedad de productos alimenticios caseros y de manufactura
propia. Al otro lado se encuentra una sala, donde es posible asistir
al audiovisual sobre la historia y los monumentos artísticos del
monasterio.
En
el primer piso se exhibe la colección de arte del Museo Religioso
Esloveno, cuya sede se encuentra precisamente en el monasterio de
Stièna. También aquí, el espacio central está ocupado por un
corredor abovedado, que se extiende por todo el largo del edificio y
cuyos extremos norte y sur miran hacia el exterior con dos
ventanales de dos aberturas, que delatan la época de su realización,
a principios del siglo XVII (1605-1606). Muchos de los ejemplares
expuestos, como por ej.: diversas piezas del mobiliario y vasijas de
porcelana, son parte de la herencia del coleccionista de antigüedades,
Leopold Kozlevèar (1904-1988), cuyo retrato es obra del pintor
Matej Sternen. En la galería se puede apreciar una serie de
pinturas del siglo XVI y sucesivos, como también una colección de
objetos litúrgicos, a saber: cálices, custodias, candelabros, etc.
Allí también se conserva el sagrario dorado del monasterio, como
también sellos, antiguos impresos y pinturas religiosas de artistas
eslovenos del barroco: Fortunat Bergant, Valentin Metzinger, Anton
Postl y otros. En el mismo lugar también se exhiben valiosas
casullas, piezas de cantería de la Edad Media y objetos de adobe. A
continuación, pueden observarse las maquetas de los monasterios románico
y barroco con sus alrededores, realizadas por Hubert Patzelt de
Alemania, gran conocedor y amigo de la Orden Cisterciense. También
se encuentra a disposición del visitante toda la documentación técnica
referente a los trabajos de investigación sobre la arquitectura románica
del monasterio, recopilada por el autor de la presente guía, y
utilizada en la elaboración de las maquetas. La exposición continúa
al otro lado del vestíbulo, donde se exhiben diversas esculturas y
pinturas, en su mayoría, del barroco. La colección de pinturas,
obra del pintor académico y monje de este monasterio, Gabrijel
Humek (1907-1993), ocupa una sala especial, así como también los
libros y otros objetos personales, pertenecientes al obispo
misionero Friderik Baraga.
El
edificio junto al arroyo presenta una serie de utensilios y
herramientas de trabajo, como también distintas escenas de los
oficios, que antiguamente se practicaban en el monasterio. Además
se exhiben distintos objetos de santuarios, objetos votivos, así
como también capillitas y estampas. A su vez, puede apreciarse el
vaciado en yeso de la famosa Vírgen de Solèava, una de las
estatuas más antiguas de la Virgen en territorio esloveno,
realizada en el siglo XIII. La colección de pinturas sobre vidrio y
de pequeñas figuras de madera, legado de L. Kozlevèar,
merece especial atención.
El
segundo piso del antiguo palacio abacial está destinado a presentar
la evolución y expansión del cristianismo en Eslovenia.
Finalizados los trabajos de restauración, la planta ha recobrado su
estructura arquitectónica original del año 1605. Dicha fecha
figura en la inscripción latina, cincelada en el dintel de piedra
de la puerta, que conduce a la escalera del segundo piso. La
inscripción menciona explícitamente al abad Jakob Reinprecht como
promotor de la obra desde sus comienzos, en el año 1605.
Como
ya se ha visto en otros edificios, también aquí el espacio se
centra en un gran vestíbulo con ventanales de dos aberturas a ambos
lados. En las pinturas laterales restauradas (siglo XVII), se indica
que originariamente el techo era abovedado, pero posteriormente fue
modificado y convertido en cielo raso revocado. Dos portales de
piedra lucen sus frontones triangulares, donde figuran,
respectivamente: el escudo de Stièna con la mitra, y el escudo del
abad Reinprecht con el escudo del municipio. Los techos de las
habitaciones son, en su mayoría, cielos rasos revocados. Sin
embargo, dos salas del lado norte conservan sus techos originales de
madera: uno con tablones paralelos, sostenido por fuertes tirantes,
y el otro, especialmente suntuoso, realizado con casetones de
distintas formas geométricas, característicos del siglo XVII. De
gran atracción son las aspilleras en el actual tabique, las que
demuestran, que la antigua construcción de la parte occidental era
una unidad independiente, edificada a fines del siglo XVI, en
tiempos en que la región era saqueada por los turcos. La habitación
del ángulo con salidizos también fue decorada con pinturas. Las
inscripciones con los nombres de algunos santos y de los cuatro
Padres de la Iglesia, pertenecen al Barroco temprano. En la época
del Rococó el recinto fue dotado de nuevas pinturas, las que,
lamentablemente, no se conservan en la actualidad.
Signo
de inigualable magnificencia es la decoración lateral de las salas
menores junto a la torre superior, donde antiguamente se encontraba
la entrada principal del monasterio. La bóveda del vestíbulo
central está decorada con estucos, simbolizando las cuatro
estaciones del año. Ambas paredes lucen sus medallones
pintados con escudos. Las pinturas de la bóveda de crucería de la
pequeña sala muestran su extraordinaria opulencia con sus
cirros, entrelazados con escenas de caza. En las paredes se exhiben
los escudos de los abades del Monasterio de Stièna, de Carniola y
de las regiones vecinas. Las pinturas mencionadas son una importante
contribución a la comprensión del arte pictórico del barroco
temprano en territorio esloveno.
Con
la remodelación del antiguo palacio abacial, aproximadamente en el
año 1600, la capilla románica de san Pablo, situada junto a
la entrada medieval del monasterio, fue demolida casi en su
totalidad. Durante los trabajos de excavación del año 1954,
se descubrió que la “capilla de entrada” poseía una nave
rectangular y detrás del altar, se hallaba un ábside semicircular.
La misma se prolongaba más allá de la línea de edificación del
edificio junto al arroyo. Su arco de triunfo y la ventanilla románica
del muro meridional se han conservado hasta la actualidad. En la
parte restante del muro septentrional de la nave, de arquitectura típicamente
románica, se encontraba hasta hace poco el fresco gótico de san
Egidio, patrono de los herreros, palafreneros y cocheros. El fresco
fue realizado a mediados del siglo XV, por el pintor Janez
Ljubljanski, quien por encargo del monasterio, pintó numerosos
frescos en las iglesias de los alrededores. El mismo se conserva
actualmente en el museo del monasterio, junto con el grandioso
escudo de la época, que en aquel entonces, adornaba el edificio
junto al arroyo.
El
fresco de san Egidio se encontraba precisamente en este muro, porque
por allí pasaban los ilustres huéspedes y visitantes al entrar al
monasterio. En el lugar donde actualmente se yergue la gran torre,
con la que concluye el edificio de dos pisos, paralelo al arroyo, se
encontraba en la Edad Media, la entrada principal del monasterio. Y,
junto a la misma, la capilla de san Pablo, donde podían oír la
Santa Misa aquellos visitantes, y especialmente las damas, que en
aquel entonces no tenían acceso a la iglesia conventual, ya que el
monasterio estaba bajo clausura absoluta. En el siglo XVIII el
portal dejó de utilizarse como entrada principal, y con este fin,
fue construida una monumental entrada barroca en el centro del
edificio oriental, que aún hoy día se utiliza como tal.
Además
de los vestigios de la capilla exterior, la antigua entrada
despierta el interés del visitante por su atrio abovedado, decorado
con estucos ornamentales y figurados. En los medallones de la bóveda
de cañón están representados los cuatro Padres de la
Iglesia: san Ambrosio, san Agustín, san Gregorio y san Jerónimo.
En la parte inferior de la bóveda se encuentran, de un lado, una
composición de la Crucifixión, y del otro, una escena dinámica múltiple,
simbolizando la elevación de la Cruz. Especial atención merece la
ilustrativa representación del Juicio final en el muro oriental,
sobre el arco de entrada, que conserva muchos elementos de la
iconografía medieval, extraídos de los frescos góticos y
enriquecidos con escenas de la imaginación popular. Las iniciales,
los dos escudos y la fecha 1620 en el cruce de la bóveda, son
indicios, de que los trabajos de estuquería fueron realizados por
encargo del abad Jakob, el primer innovador barroco del monasterio.
Estos ornamentos son los de mayor antigüedad en el país, y a su
vez, se sitúan entre los ejemplares más antiguos del espacio
cultural europeo.
Durante
los trabajos de demolición del edificio provisional del jardín del
caracol, en el año 1994, se descubrió la fachada occidental
del ala de los hermanos, de 22 m. de longitud. Con anterioridad al
hallazgo, eran visibles las ventanillas tapiadas de estilo románico
de la planta baja. A ello se sumaron las ventanillas de la planta
alta y entremedio, la entrada semicircular románica. Las
ventanillas superiores se utilizaban para la iluminación y la
ventilación del dormitorio de los hermanos de la planta alta, y las
inferiores, del comedor, que posteriormente fue convertido en bodega
y despensa, como lo sigue siendo hoy día. Las aberturas
rectangulares del muro prueban que existían vigas de madera en la
planta baja, y también soportes en el corredor externo del primer
piso. Desde allí se accedía, subiendo una escalera, al dormitorio,
y luego a la iglesia, atravesando la entrada propia de los hermanos
en la parte más occidental del edificio, que fue demolida, al
acortar la iglesia en el siglo XVII. El descubrimiento de esta
fachada románica posibilita reconstruir la imagen original del
monasterio también en el pabellón de los hermanos, y a su vez,
resuelve el enigma sobre el acceso a la iglesia, que sólo era
utilizado por los hermanos.
Entre
los edificios independientes de los alrededores del monasterio cabe
destacar el granero, que forma parte del lado sudoeste de la muralla.
Esta importante construcción de tres pisos abovedados es una
verdadera obra maestra técnica de su tiempo y fue construida en el
año 1683 por el 43.º abad de Stièna, Ludvik pl.
Raumbschüssel (1680-1687). Debido a las incursiones de los turcos,
que en su marcha desde Bosnia hacia Europa central saqueaban las
regiones de Carniola y Carintia, y representaban una amenaza
constante para el monasterio, los monjes reforzaron la muralla e
hicieron construir atalayas. El abad Urban Paradiž (1516-1523) hizo
edificar en el lado occidental, alrededor del año 1519, una
fortaleza rectangular independiente. En sus extremos tenía torres
cilíndricas, tres de las cuales se conservan aún hoy. En el centro
se alzaba una torre de forma cuadrangular, equipada con los
mecanismos de defensa de la época. La muralla del monasterio se
conserva aún hoy, especialmente en su lado meridional y oriental,
donde alcanza hasta 8 m. de altura.
El
anteriormente mencionado abad Jakob Reinprecht, hizo construir en
medio del jardín, en el lado occidental de la iglesia, una glorieta,
donde pasaba las calurosas tardes de estío en compañía de
sus huéspedes. De acuerdo a la usanza de la época ocupa el lugar
central y tiene la típica forma octogonal. Cuatro lados poseen
entradas semicirculares, y en los otro cuatro, pueden apreciarse
cuatro ventanales idénticos. El espacio culmina con una bóveda
octogonal. Sobre la cúspide se encuentra una veleta con las figuras
del arquero Plutón y el escudo del abad Jakob con tres flores de
lis y las iniciales grabadas PDIAS, mencionando en lengua latina al
promotor de la obra. Este tipo de glorietas eran típicas de los
jardines reales. Fue construida en el siglo XVII y es la única que
se conserva en territorio esloveno, lo que le otorga especial
importancia.
Parte
del jardín del interior de la fortaleza es utilizado como parque de
meditación. Este espacio verde, donde reina la calma absoluta, está
totalmente aislado del resto de los sectores. Adosada a los muros
circundantes, crece la vid, noble planta bíblica, que cada otoño
invita a participar de la vendimia y de la que luego se obtiene un
vino de excelente calidad. También los espacios destinados a la
meditación y al trabajo en pequeños grupos están separados
por vides. Sobre pedestales de piedra reposan las estatuas en madera
de Jesucristo, de la Madre de Dios, y de los célebres padres del
monacato occidental: san Benito y san Bernardo, gran monje
cisterciense, gracias el cual el siglo XII de la historia occidental
es conocido como siglo bernardino. Las estatuas son obra del
escultor local Jože Trontelj. El parque es un verdadero oasis de
paz y tranquilidad en un mundo acelerado e impaciente.
El
Monasterio de Stièna, con su núcleo románico, la iglesia y el
claustro, cuenta con una existencia de casi 900 años, con un
paréntesis entre los años 1784-1898, cuando fue clausurado y
los monjes fueron expulsados. A raíz de su largo e importante
pasado histórico, el monasterio es un verdadero monumento cultural.
Con el correr de los siglos se fue transformando en una compleja
estructura arquitectónica, que sintetiza los estilos artísticos más
importantes de Europa: desde el Románico hasta el Barroco,
incluyendo el Gótico y el Renacentista.
Hemos
hecho notables progresos en el conocimiento del significado del
monasterio, desde los primeros intentos descriptivos a fines del
siglo XIX, hasta el día de hoy; y en especial, en las últimas décadas.
Desde siempre ha merecido especial atención el complejo arquitectónico
románico, que con su iglesia monacal, correspondiente a la
arquitectura cisterciense temprana (mediados del siglo XII),
adquiere importancia en el ámbito europeo. Hoy día la historia de
Stièna es bien conocida. Pero sus muros nunca nos revelarán todos
los secretos que celosamente guardan en su interior. Es por ello que
siempre seguirá despertando la curiosidad humana y nos invitará a
descubrirla con los propios ojos.
La
arquitectura y las artes plásticas vivieron en Stièna dos veces su
edad de oro: durante sus comienzos, en el período románico (siglo
XII), y durante el apogeo del Barroco. Es por eso que los dos
estilos fueron decisivos para su imagen arquitectónica y artística.
En
su larga trayectoria histórica Stièna siempre ha sido el centro
cultural y religioso más importante de la región de la Baja
Carniola. También hoy, los monjes cistercienses siguen cumpliendo
su misión de transmitir el legado espiritual y cultural que les
fuera encomendado, y de seguir desarrollando los valores religiosos
y humanos para las generaciones venideras.
Mi
deseo sincero para el porvenir de Stièna está expresado en las
palabras del salmista, que ante las puertas de Jerusalén exclamó:
“Paz detrás de tus muros!” (salmo 122,7).
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